En la noticia que presentaré a continuación, se muestra parte del choque cultural que ha ocurrido en Europa como consecuencia de la migración. Cosas tan simples como ir a la playa pueden volverse un problema incluso judicial.
Escogí esta noticia porque fue una de las primeras en llamar mi atención. A pesar de que tenía conocimiento de que la vestimenta religiosa estaba siendo un problema en Europa, nunca imaginé que llegara a ambientes tan tranquilos como la playa.
En este link, podemos ver un artículo publicado por el diario La Tercera el jueves 18 de agosto de 2016.
En él, se describe una situación problemática en las playas francesas: mujeres cubiertas casi por completo con trajes de baño que solo dejan ver sus manos, rostro y pies. Como respuesta a este comportamiento, algunos alcaldes decidieron prohibir su uso en localidades como Cannes, Sisco y Le Touquet. Incluso el primer ministro apoyó estas decisiones como "formas de evitar el desorden público". Sus razones parecen ser que la vestimenta descrita fue producto del pensamiento arcaico islámico, en el que la mujer no es pura y debe estar cubierta, ya que dicha visión no se correspondería con los valores de Francia.
Para aquellos de nosotros que no estamos muy familiarizados con el tipo de vestimenta usada por los musulmanes, este artículo explica con claridad cuáles son las prendas que han causado problemas. En otra publicación de este blog, se pueden ver los diferentes tipos de símbolos religiosos prohibidos en las escuelas francesas.
Si nos ponemos a pensar, es interesante ver que los franceses discrepen con la libertad de expresión de estas mujeres, tratando de obligarlas a vestir o no vestir de determinada manera.
Como dice la propia creadora del burkini en el siguiente artículo, ella creó esta prenda para dar poder y libertad a la mujer, no para arrebatárselo. Ella afirma que, para una mujer o niña musulmana, es realmente incómodo practicar deportes o nadar con el burka tradicional. Pensando en su sobrina, fabricó una prenda que permitiera más libertad de movimiento sin sacrificar su modestia.
Desde el punto de vista de la adaptación o de la inclusión, las leyes locales en contra del uso de esta prenda no representan ningún avance. Es más, podrían incluso generar más rechazo a una cultura que, si bien no es perfecta, es cosa de cada quién seguir.
Pensar que las niñas o mujeres musulmanas tendrán miedo de aparecerse en una playa es horroroso. No es justo que solo un grupo de personas deba sufrir el cuestionamiento social de su vestimenta estival.

Fotografía: The Guardian, Aheda Zanetti, creadora del burkini
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